¿Por qué se me tiñen de verde los dedos? No creo que sea por el óxido del anillo, no creo que el acero inoxidable se oxide, al menos no el de este anillo, que simboliza la lucha constante, la esperanza al final del camino, el camino en sí.
Es por el tatuaje que no me hice en su día, el del cambio, el que me prometí hacerme, mi regalo de cumpleaños de día por vivir, que ahora viene a llamarme la atención, por no haberle prestado yo atención a él, por olvidar lo importante que es vivir, y por ignorar la enseñanza que gané en su día, en presente, porque aún lo hago.
Y el anillo, ese ciclo en ciclo alrededor de mis dedos, porque va pasando de uno a otro al margen de mi propia consciencia, viene a aferrarse a mí de esta forma. Pero, ¿puede la sombra vivir sin el cuerpo? No por mucho tiempo, ésa es la enseñanza del anillo: sin un cuerpo todo se acaba yendo, todos se acaban yendo.
sábado, 12 de enero de 2008
Tras el invierno siempre viene la primavera... o al menos es así en mi tierra
Después de deshacer caminos, de quemar pasados, de olvidar recuerdos, siempre acaba uno olvidándose de porqué comenzó aquello...Se dice a sí mismo que lo sabe, pero en el fondo, su corazón ya no lo recuerda. Las dudas por lo que se ha excluido se hacen ahora eco en lo poco que queda dentro de uno y el tiempo, mientras tanto, ha pasado un buen rato. Pero nosotros ya no somos los mismos, y las madreselvas de nuestro jardín secreto son cada vez más tupidas, y la tapia, aunque sigue ahí (porque sigue ahí, lo sabes ¿verdad?), ya no se ve.
Pero dicen que la vida es lo último que se pierde...
Y yo no quiero perderla, pero al final sin querer siempre me quedo atrás, en bosques oscuros de esos que ya casi no me quedan, con olor a eucalipto, y sonido a viento, y una tormenta que se acerca, amenazante, por el oeste.
Pero yo soy contradictorio y QUIERO ir al oeste, aunque ame al este, me empeño en estrellarme contra las estrellas aún cuando llueva con toda su fuerza la amenazadora tormenta, y me gusta el reto de seguir aquí, aún, cuando ella ya se ha hecho lluvia débil, y no moja más que a los bobos.
Porque en mi jardín vacío, existen muchas zanjas, ¡ojo, que hay que ir con cuidado para no caer!, y algunas, es cierto, para colmo, no están limpias: quedan los huesos de mis ancestrales yos. Caer en ellas sería lo peor: salvo en mi cementerio infantil, el único con flores secas, pero naturales al menos.
Y sin embargo, ya no quiero reabrir su verja.
Pero dicen que la vida es lo último que se pierde...
Y yo no quiero perderla, pero al final sin querer siempre me quedo atrás, en bosques oscuros de esos que ya casi no me quedan, con olor a eucalipto, y sonido a viento, y una tormenta que se acerca, amenazante, por el oeste.
Pero yo soy contradictorio y QUIERO ir al oeste, aunque ame al este, me empeño en estrellarme contra las estrellas aún cuando llueva con toda su fuerza la amenazadora tormenta, y me gusta el reto de seguir aquí, aún, cuando ella ya se ha hecho lluvia débil, y no moja más que a los bobos.
Porque en mi jardín vacío, existen muchas zanjas, ¡ojo, que hay que ir con cuidado para no caer!, y algunas, es cierto, para colmo, no están limpias: quedan los huesos de mis ancestrales yos. Caer en ellas sería lo peor: salvo en mi cementerio infantil, el único con flores secas, pero naturales al menos.
Y sin embargo, ya no quiero reabrir su verja.
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